El nacionalismo iraquí y sus nuevos héroes

Oriente Medio parece ser un escenario adecuado para contrastar aquella vieja frase de Gramsci, en la que «lo viejo no ha terminado de morir, lo nuevo no ha terminado de llegar, y entonces surgen los monstruos». El gran teórico comunista italiano pensaba en la muerte del viejo mundo liberal, en la ausencia de una nueva gran alternativa mundial y el auge del fascismo y el nazismo como aberración.

Oriente Medio puede verse desde esta óptica. Las revoluciones y las guerras han dañado las viejas estructuras, pero no han consolidado nada nuevo, salvo Túnez. En ese espacio abierto por las guerras han surgido nuevos monstruos, con especial relevancia del Daesh, que se extiende por Irak, Siria y Libia, y ataca en Europa y Asia. Sin embargo, creo que a la frase de Gramsci le falta algo. A la vez que surgen los monstruos, también surgen héroes para combatirlo. Y los relatos de esos héroes pueden portan la semilla de lo nuevo, con la vista puesta en su consolidación.

El ejemplo perfecto es Irak. Tras la dictadura de Sadam, el país enfrentó una guerra que no supo consolidar un orden nuevo y que, como consecuencia, desestructuró el país en un conjunto de facciones suníes y chiíes que luchaban entre sí. La completa ruptura del Estado iraquí provocó el auge del monstruo Daesh. Muchos han visto en su surgimiento el último ejemplo de la inevitable ruptura de la nación iraquí, en la que los chiíes se echarían en manos de Irán para crear un Estado títere y los sunníes se unirían al proyecto terrorista para formar un nuevo Estado con partes de la Siria en guerra. Esta teoría parecería confirmarse con la amplia participación de antiguos oficiales sunníes del ejército de Sadam en las filas del Daesh y la movilización de proxys chiíes en su contra.

Es una lectura válida pero incompleta, porque la polarización no es tan sumamente fuerte y existen alternativas. El nacionalismo iraquí no ha muerto. Y si la idea de nación iraquí está herida, sus defensores son numerosos y están dispuestos a defenderla. Las pruebas que respaldan esta idea son numerosas. En un artículo recientemente publicado en Al Monitor, Denise Natali avisaba desde el título: «No subestimen el nacionalismo iraquí.»

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Natali hace un repaso por las tres grandes comunidades del país y encuentra en todas ellas un capital social suficiente para el movimiento nacional iraquí. En primer lugar se analiza a los suníes. Algunos se han unido al Estado Islámico o lo respaldan, y otros han apoyado las ideas rupturistas, como aquellos que defienden la descentralización y la creación de regiones exclusivamente suníes y cristianas, como Nínive. Sin embargo, muchos siguen apoyando la unidad del país. Por ejemplo, más de 40.000 suníes de Ramadi estaban encuadrados en las Unidades de Movilización Popular.

En segundo lugar, buena parte de los chiíes se han unido a milicias apoyadas por Irán, como Kataib Hezbollah, el Ejército del Mahdi y tantas otras. No obstante, no todo el chiismo iraquí es un instrumento de Irán, ni todos los chiitas creen en el velayat e-faqih, que supone la piedra angular del sistema iraní. El ejemplo claro es el clérigo iraquí de mayor rango, Al Sistani, que se ha mostrado a favor de la unidad del país y ha criticado las injerencias iraníes.

En tercer lugar, los kurdos no cuentan con la unidad de propósitos que muchos medios en occidente parecen adjudicarles. Una parte está más orientada hacia la dinastía Barzani y el apoyo en Turquía, mientras que otros se oponen al dominio de este clan tradicional, y buscan apoyos en Bagdad y fuerzas nacionales iraquíes. Ninguno de ellos aspira a una secesión inmediata, centrándose de manera mucho más próxima en la lucha contra Daesh.

Por consiguiente, tanto entre los grupos chiíes, como entre los suníes y los kurdos hay facciones relevantes que no quieren ver a Irak desintegrado. La guerra contra Daesh es solo un ejemplo. La unión de estas facciones también fue explícita en su oposición a la intervención turca en el norte del país en diciembre. El ejército turco ocupó entonces la ciudad iraquí de Bashiqa, bajo el pretexto de entrenar a fuerzas kurdas para luchar contra Daesh. El gobierno y casi todos los grupos políticos, étnicos y religiosos exigieron que se respetase la soberanía nacional iraquí y que fueran las fuerzas nacionales las que combatiesen a los enemigos.

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Esto permite concluir que el nacionalismo iraquí está lejos de morir y que no es patrimonio exclusivo de un grupo de población. Pero con esto no basta. La defensa de una idea en un momento determinado puede ser adecuada en el medio plazo, pero hace falta dar un paso más en el largo. Ese tránsito es lo que separa a los movimientos nacionalistas de la construcción nacional propiamente dicha desde las instituciones del Estado.

¿Cómo se construye esa nación desde las instituciones? Inventando y difundiendo tradiciones, historias compartidas y mártires comunes. La nación iraquí per se no tiene que inventarse, pero sí debe refundarse para consolidar la legitimidad del propio Estado cuando Daesh sea borrado del mapa. Toda esa invención de tradición irá orientada al respeto de los distintos grupos religiosos y étnicos, pero… ¿quiénes serán los héroes? Hoy ya podemos encontrar algunos ejemplos de ellos.

El más claro es el de Alaa Al-Edani. Conocí su historia por el artículo de Haidar Sumeri, Major Iraq: The Story of an Iraqi Hero, publicado en 1001 Iraqi Thoughts. Al-Edani es oficial y periodista en el ejército de Irak. Tiene 32 años y tres hijos. Hace unos meses, acompañaba a una unidad militar en el pueblo de Zaydan, al oeste de Bagdad, una zona de fuerte apoyo a Daesh. Allí, un IED (Dispositivo Explosivo Improvisado, en inglés) le desfiguró toda su cara y el cuerpo, dejándole al borde de la muerte.

Durante muchos meses, Al-Edani había sido el rostro más popular de la televisión iraquí. Informando desde el terreno sobre la guerra contra Daesh. Cuando el país se enteró, la consternación fue general y el Ministerio de Defensa procuró otorgarle los mejores cuidados médicos posibles, hasta el punto de mandarlo a Irán para recibir un tratamiento que no estaba disponible en el país.

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El ministro de defensa iraquí, Khalid Al-Obeidi, visita a Alaa Al-Edani. Photo Credit: 1001 Iraqi Thoughts

El artículo de Sumeri es una constante elevación a los altares de la patria. «El Mayor Alaa simboliza a una generación de dedicados y ambiciosos iraquíes que se han sacrificado en la esperanza de que las futuras generaciones vean un día en el que el país sea una flor de seguridad, libertad y prosperidad».

A ello se suman declaraciones de sus compañeros, que sirven como colofón a la idea de la construcción nacional: «El Mayor Alaa es el Mayor Irak. Vive y respira nacionalismo iraquí.» Lo cual parece confirmarse en el comportamiento del propio militar, que con la cara desfigurada y bañada en sangre gritaba: «Seguiremos triunfando. Quiero el martirio. No hay retirada. Viva Irak.»

Así, sobre el ejemplo de hombres como éste, Irak avanzará hacia una redefinición total de su identidad nacional. Es un proyecto a largo plazo, y en una región tan volátil como Oriente Medio pueden pasar muchas cosas que trunquen el rumbo. Sin embargo, la derrota de Daesh por las fuerzas iraquíes, a la larga, puede acabar haciendo realidad la idea de un Irak plural, democrático y unido. Muy lejos de las simplificaciones sectarias de los fanáticos o de aquellos que reducen todo conflicto al odio religioso.

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Alaa Al Edani. Photo Credit: 1001 Iraqi Thoughts

¿Quién será el próximo Líder Supremo de Irán?

Las elecciones que se celebrarán en Irán a finales de este mes serán diferentes de todo lo que se ha conocido hasta ahora. La tensión política por las descalificaciones de candidatos está marcando los meses previos, pero lo que preocupa al mundo no es eso. Tal y como se analizó en este blog hace unos meses, Rafjansani, expresidente y líder del Consejo de Discernimiento, declaró que la próxima Asamblea de Expertos tendría que lidiar con la sucesión del actual líder supremo, Ali Jamenei. Esto supone un cambio de primer orden en la vida política de la República Islámica, ya que el jefe del Estado acumula poderes amplísimos sobre el ejecutivo, la judicatura, los medios, el ejército, etc. Ante esta situación, y sobre la base de los artículos previos que se refieren a este tema, es pertinente un análisis específico sobre el proceso de sucesión.

La decisión formal de nombrar al próximo Líder tendría que ser tomada por la Asamblea de Expertos. Eso hace que esta institución esté en el centro de la lucha política en las próximas elecciones. Más incluso que el parlamento. El órgano, según la Constitución en su artículo 108, tiene capacidad de autorregulación y, desde su segunda elección, siempre ha estado formada por miembros del clero que tengan una cualificación apropiada. Esa formación religiosa debe ser la de «mujtahid», que es aquel que tiene capacidad de interpretar los textos religiosos y constituir una opinión válida sobre la ley islámica, a lo que se llama «ijtehad».

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Jamenei. Photo: Wikimedia

Sobre este perfil de miembro, es el Consejo de Guardianes, una institución elegida a medias entre el Líder y el Parlamento, el que debe aprobar o descalificar las candidaturas. Ya escribimos sobre ello, pero este órgano ha aprobado unas 166 candidaturas de 801 presentadas, y han afectado principalmente a los reformistas, pero también a algunos conservadores. Sin embargo, este perfil aparentemente tan rígido ha sido ignorado en numerosas ocasiones, jugando con las cualificaciones de algunos miembros que no cumplían los requisitos necesarios, pero eran nombrados según las necesidades y las intrigas de poder.Esto significa que el Consejo, dentro del complejo proceso de aprobación, tiene en su mano la llave para elegir a los futuros electores del sucesor del Líder.

Ahora bien, con la Asamblea de Expertos ya elegida y formada, la República Islámica tendría constituido el órgano que toma la decisión formal sobre la sucesión. Sin embargo, este proceso se ha caracterizado históricamente por la informalidad. El juego político sobre la norma legal. Por ejemplo, el Líder fundador, Rulollah Jomenei, murió en 1989. Unos años antes, él mismo había nombrado a su sucesor, el ayatollah Hossein Ali Montazeri. Es decir, no esperaba pasar por todo el proceso de elección entre varios nombres. Sin embargo, dos meses antes de la muerte de muerte del Líder, su sucesor envió una carta protestando contra las ejecuciones y la represión. Jomeini le apartó del poder y nombro a Jamenei. Solo había un problema: el nuevo sucesor no cumplía los requisitos religiosos que exigía la constitución al líder. No era considerado un ejemplo a seguir, ni contaba con discípulos y seguidores teológicos. Para sortear el obstáculo, la Asamblea ignoró todo el proceso legal y lo nombró ayatollah. Luego, votó solo sobre su candidatura y lo eligió Líder. Algo así no puede esperarse en las circunstancias actuales. En 1989, Irán acababa de salir de una guerra de casi diez años con Irán, los liderazgos revolucionarios todavía tenían mucha presencia y los incentivos de las instituciones eran completamente diferentes.

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Rafjansani (izquierda), Jomeini (centro) y Montazerí (derecha). Photo: The Atlantic

Entonces, ¿qué podría pasar ahora? Si la Asamblea toma la decisión formal, ¿quién está detrás de la decisión informal? Si, como decíamos arriba, el mapa político es distinto, también lo serán los decisores. Para elegir al Líder habrá que tener en cuenta a varios centros de poder. El más importante, sin ninguna duda, será la Guardia Revolucionaria (IRGC) o Pasdarán, como también se los conoce. Su objetivo teórico es proteger el sistema islámico del país, aunque sus miembros forman una élite militar con grandes intereses económicos y que participa en acciones encubiertas a lo largo de la región y el mundo. Sus intereses se asocian normalmente a los conservadores y serán un punto ineludible para elegir al próximo Líder. Si su posición es única, puede esperarse una transición tranquila. Sin embargo, si prima el faccionalismo dentro del cuerpo, la elección del Líder será mucho más polémica.

Más allá de los Pasdarán, no hay ninguna institución fundamental y única en la sucesión. Sin duda, los servicios de inteligencia y la judicatura influirán en la decisión, pero la fragmentación institucional de las últimas décadas ha descentralizado mucho el poder. Lo mismo puede decirse sobre los liderazgos. Suleimani dentro de la IRGC puede ejercer cierta influencia, como también puede hacerlo Rafjansani desde el Consejo de Discernimiento, pero ninguna personalidad del país decidirá en solitario el destino del liderazgo.

Con este proceso de decisión, y este contexto sobre el que funcionará, solo falta conocer qué nombres están barajándose. Mojtaba Jamenei, el hijo del actual líder, ha sido propuesto por algunos. Pertenece a los conservadores, aunque carece del estatus religioso requerido. Hassan Jomeini también estaba en algunas quinielas como el candidato favorito entre los reformistas. Sin embargo, la descalificación de su candidatura para la Asamblea de Expertos ha rebajado mucho las expectativas.

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Mahmud Hashemi Shahroudi. Photo: Reuters

Otro nombre que ha sonado con fuerza es el del Ayatollah Mahmoud Hassemi Shahroudi. Sería una candidatura interesante, porque Shahroudi es ciudadano iraquí. Presidió el Consejo Supremo de la Revolución de Iraq y estuvo en lo alto de la judicatura iraní durante diez años. Aunque cuenta con mucha simpatía entre los círculos conservadores, no es demasiado popular entre la población. Al mismo nivel se habla del actual jefe del poder judicial, Sadegh Amoli Larijani, que cuenta con la confianza del actual líder y de la IRGC.

 

Ellos son los favoritos a la sucesión, aunque algunos se muestran más escépticos. Por ejemplo, se ha dejado caer recientemente la idea de que Jamenei fuera sustituido por un liderazgo interino y coral de la Asamblea de Expertos, que dirigiría el país hasta que los intereses de las facciones se aclarasen y se pudiese elegir a un líder consensuado.

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Sadegh Amoli Larijani

A estas alturas es difícil hacer cualquier predicción. Si hubiera que apostar por alguien, yo apostaría por Larijani o por Sharoudi. La Asamblea de Expertos seguirá dominada por los conservadores después de las elecciones del día 26. Lo lógico sería que un órgano conservador eligiese a un candidato afín, y ambos lo son. La fuerza de la IRGC será determinante en el aspecto informal, y tanto Larijani como Sharoudi están bien vistos. Sharoudi es muy atractivo por su procedencia iraquí, especialmente en medio de una pugna por el control de la región, pero lo encuentro demasiado avanzado en edad. Este año cumplirá 68 años, pero nadie garantiza que la sucesión vaya a ser en 2016, porque la legislatura de la Asamblea dura ocho años. En cambio, Larijani tiene 55 y podría afrontar el reto mejor. Los próximos meses serán decisivos para marcar el futuro de una República Islámica que aspira a la hegemonía del Gran Oriente Medio.

Tensión política en Irán a un mes de las elecciones

En exactamente un mes, la República Islámica de Irán celebrará elecciones a la Asamblea de Expertos y al Parlamento, o Majlés. Aunque el país no sea una democracia homologable a las occidentales, el resultado que arrojen los comicios será extremadamente importante. El Parlamento es una asamblea consultiva sin muchas competencias, pero sus miembros reflejan el equilibrio, o desequilibrio, de poder entre conservadores y moderados. Así mismo, eligen a la mitad del Consejo de Guardianes, con lo que eso está significando en estos momentos. Mientras tanto, la Asamblea de Expertos adquirirá un relieve mayor en los años venideros, ya que es el órgano encargado de elegir al Líder Supremo. Ante la frágil salud de Jamenei, tal y como escribimos aquí en su día, la pugna por el liderazgo está asegurada.

Para comprender estas luchas internas, algunos conceptos y organismos pueden aclararse. El Líder Supremo es el jefe de Estado, dirige las fuerzas armadas, supervisa al ejecutivo, controla los medios y la justicia, etc. Esta figura elige a seis de los miembros del Consejo de Guardianes. Los otros seis los elige el Parlamento. Este Consejo supervisa y acepta las candidaturas a Presidente (junto al Líder), y al Parlamento y la Asamblea de Expertos. La propia Asamblea es importante porque sus 86 miembros elegidos por sufragio escogen a un nuevo Líder, en caso de necesidad, y «fiscalizan» su actividad. A continuación se refleja el intrincado sistema en un gráfico:

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Photo Credit: OPEMAM/TEIM

Como puede verse en el gráfico y en la explicación, el Consejo de Guardianes filtra las candidaturas y aprueba exclusivamente las que son aceptables, según la Constitución y su propio criterio. A un mes de las elecciones, el Consejo ha descalificado a más de doce mil candidatos, una cifra extrema en la historia de la República Islámica. De los tres mil candidatos eminentemente reformistas, sólo el 1 por ciento ha sido aceptado.

Esta fortísima acción de criba ha sido duramente criticada por el presidente Hassan Rouhani, que pertenece a la facción moderada. En recientes declaraciones, el jefe del ejecutivo ponía de ejemplo al Imam Ali ibn Abi Talib, yerno de Mahoma y fundador del chiismo, que es predominante en Irán. Según Rouhani, Ali había designado a importantes personalidades políticas en función de su capacidad administrativa y no cegado por criterios exclusivamente religiosos.

Este mensaje iba claramente dirigido a algunos de los personajes más conservadores del régimen, como Ahmad Jamati, líder del Consejo de Guardianes. Jamati ha sido el máximo responsable de las descalificaciones, basando su decisión en que los candidatos eliminados no eran lo suficientemente musulmanes o no mostraban el suficiente apoyo a los principios de la República Islámica. Rouhaní comisionó a su vicepresidente, Eshaq Yahanguirí, para negociar una posible rehabilitación de las candidaturas, aunque sin éxito alguno.

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El presidente Rouhaní (izquierda) y el Líder Supremo Jamenei (derecha)

No han sido las únicas declaraciones del presidente en este sentido. Rouhaní también pidió que se respetase la pluralidad del pueblo iraní, ya que entre siete y diez millones de personas apoyarían a su facción. Así mismo, la Constitución ha sido utilizada como referente para garantizar la representatividad, no sólo de los iraníes musulmanes como tal, sino de los judíos y zoroastrianos, que deben tener presencia en el parlamento, según la carta magna. Sin embargo, en lo que a discusiones constitucionales se refiere, Rouhaní tiene las de perder. Anteriores declaraciones suyas fueron rebatidas por el Líder Supremo, que señaló que la Constitución ampara y respalda las acciones de descalificación llevadas a cabo por el Consejo de Guardianes. El propio Consejo parece que aspira a legitimar su teórica neutralidad a través del descarte de candidaturas conservadoras, como la de Hamid Rasaei.

Los candidatos a la Asamblea de Expertos también han sufrido cribas similares. Según cifras del propio gobierno, tan solo 166 candidatos habrían sido aceptados por el Consejo de Guardiantes, frente a 634 rechazados. Probablemente, el damnificado con más renombre ha sido Hassan Jomeini, nieto del fundador de la República Islámica. Aunque durante estos años ha mantenido un perfil bajo, hace pocos meses presentó su candidatura a la Asamblea de Expertos. Algunos analistas apuntaban a que sería el favorito entre los moderados para suceder a Jamenei como Líder, dadas sus simpatías reformistas. Sin embargo, hoy saltaba la noticia de su descalificación, que ha sido criticada por su hijo en su cuenta de Instagram. Las causas no están claras. Podría haber sido una descalificación religiosa, aunque su hijo apunta a que contaba con el respaldo de varias personalidades del clero. Sin embargo, también se señala la ausencia de Jomeini en una entrevista para el proceso, aunque sus partidarios indican que no era obligatoria.

Todavía queda un mes para las elecciones, pero las descalificaciones han demostrado que la tensión está muy presenta en las instituciones iraníes. Ambas facciones saben que se juegan mucho más que en cualquiera de los comicios anteriores. El control del parlamento abre puertas del laberinto de poder iraní, y el triunfo en la Asamblea de Expertos permite la elección de la jefatura del Estado, lo que significa un control casi total del aparato. Rouhaní, tras su triunfo en el acuerdo nuclear y la apertura a Occidente, sabe que debe pelear por las instituciones si quiere extender su éxito a la política interior. Debe hacerse con un apoyo fuerte y constante entre la población, aunque ni sus declaraciones ni sus acciones ulteriores prueban que vaya a cuestionar el aparato institucional. Por su parte, los conservadores aspiran a mantener las riendas para controlar en la medida de lo posible a la facción moderada.

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Hassan Jomeini. Photo Credit: Wikimedia

Revisitando la primavera árabe

«Estamos en época de aniversarios». Así es como Karim Hauser, de Casa Árabe, inauguró la presentación del libro «La primavera árabe revisitada», que edita Ignacio Álvarez-Ossorio (Universidad de Alicante), como parte de un proyecto mayor de investigación. En la mesa estuvieron también presentes Isaías Barreñada (Universidad Complutense) y Miguel Ángel Bastenier, periodista y ex-subdirector de El País.

Hauser arrancó con una introducción general a los levantamientos que hace cinco años sacudieron los cimientos políticos del norte de África y Oriente Medio y enfatizó el componente de justicia social en el comienzo de las revueltas, lo que sería una constante a lo largo de toda la presentación. Ante todo, su introducción al libro fue una llamada a la calma. El período que ha transcurrido desde los alzamientos es demasiado corto como para extraer conclusiones definitivas, aunque las influencias y el cambio de curso histórico son evidentes.

Álvarez-Ossorio tomó la palabra para hablar del carácter coral de la obra y de la creciente importancia que los estudios mediterráneos tienen en España. Siguió la línea marcada por Hauser en la primera intervención, señalando que los análisis albergan muchas más dudas que certezas, aunque habló de dos dinámicas interesantes de política exterior. Por un lado, el distanciamiento de Estados Unidos, que abandona el intervencionismo activo; por otro lado, la marcada improvisación de la Unión Europea a la hora de gestionar su acción en estos países. Sobre esta base, el profesor señaló que la llegada de Arabia Saudí e Irán, el papel turco y la cuestión palestina serán los temas a tener en cuenta durante los próximos años. Así mismo, anunció que en el mes de octubre se publicaría una continuación de este trabajo en forma de análisis del Islam político, que constituye otro de los factores fundamentales.

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      Photo credit: Jonathan Rashad via Foter.com / CC BY-NC-SA

El siguiente en tomar la palabra fue Miguel Ángel Bastenier, que comenzó disculpándose por hablar de manera general, ya que no pertenece al ámbito académico. Su intervención fue efectivamente un repaso general histórico, que arrancó con las independencias y acabó en los levantamientos árabes, pasando por el panarabismo nasserista. «La primavera tiene dos caras: Túnez, pero también ISIS», afirmó Bastenier para rematar su discurso.

La intervención más profunda correspondió a Isaías Barreñada, que hizo un gran balance sobre los estudios y las consecuencias de los levantamientos árabes. Su discurso fue una demolición constante de mitos. Primero, negó la idea de que las primaveras hubieran sido una sorpresa. Recordó que el economista egipcio Nader Fergany ya había planteado la posibilidad de que ocurriese algo parecido a los alzamientos, aunque el desconocimiento general pesó más en la sociedad. En segundo lugar, el profesor afirmó que la mayoría de análisis han sido parciales y hechos a conveniencia, sobrevalorando una dimensiones y despreciando otras, hasta crear una imagen que era la que el propio Occidente quería ver. Una imagen basada en jóvenes, redes sociales y mujeres que en realidad no era tal.

Siguiendo con ese razonamiento, y conectando con la mención de Karim Hauser a la justicia social, Barreñada señaló que las primeras manifestaciones fueron de obreros que reclamaban justicia social. Reivindicó el papel de movimientos culturales y organizaciones de trabajadores, y, en virtud de ese carácter, dejó claro que la satisfacción de las demandas sociales y económicas constituye una variable fundamental para ampliar el análisisde la situación.

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 Photo credit: AK Rockefeller via Foter.com / CC BY-SA

El profesor señaló dos puntos interesantes para comprender el balance en base a esas demandas socioeconómicas. Primero, repasó la ampliación de países que han pasado al club de Estados fallidos y subrayó la importancia de las intervenciones contrarrevolucionarias de ciertos gobiernos para detener un estallido revolucionario que llevase al cambio o a la desintegración. En este sentido, Barreñada destacó la importancia de Emiratos Árabes Unidos como segundo donante mundial entre 2012 y 2013, con millones desembolsados en Jordania y Marruecos para dar respuesta a las demandas sociales. Ese mismo modelo, por cierto, es el que siguieron los propios países del golfo o Argelia, que utilizaron sus ingresos derivados del gas y el petróleo para desactivar protestas nacionales. Por lo tanto, hay que tener esta variable en cuenta, especialmente cuando los precios del petróleo están a la baja y esos programas sociales no pueden sostenerse tan adecuadamente.

En segundo lugar, Barreñada señaló la carencia de un proyecto alternativo socioeconómico de las protestas. Su ejemplo fue muy claro: no hubo una vanguardia política que organizase la toma del poder en base a un programa. Como consecuencia, el cambio político no ha implicado la reforma de las causas estructurales de las protestas y esto deja un espacio interesante para los nuevos regímenes, especialmente el tunecino. Entonces, si no ha habido reformas estructurales, ¿qué ha cambiado? La respuesta está en el capital político. Aquellos que protestaron ahora saben organizarse mejor, y eso repercutirá en el campo político. Ejemplo de ello son las protestas de profesores en Marruecos o los levantamientos de trabajadores en el sur de Argelia, que escenifican la centralidad del mundo del trabajo en esta cuestión.

La presentación concluyó con algunos intercambios entre los ponentes, entre los que destacó el debate sobre los medios. Ante una pregunta de Hauser, Miguel Ángel Bastenier afirmó que todo el que leyese las secciones de internacional de La Vanguardia y El País estaría bien informado. Álvarez-Ossorio y Barreñada fueron más cautos y señalaron la importancia de diversificar las fuentes y buscar una información más profunda. Así, el acto se selló con algunas puntualizaciones de los intervinientes y el turno de preguntas.

«La primavera árabe revisitada. Reconfiguración del autoritarismo y recomposición del islamismo». Ignacio Álvarez-Ossorio (ed.) Editorial Thomson Reuters Aranzadi.

La batalla por la presidencia de Líbano

Desde hace algunos días, la política libanesa está en plena efervescencia. Característica que parece ir asociada al país y a su eterna inestabilidad. Hace un mes publicábamos un post tratando de explicar la figura de Suleiman Franjieh y las posibilidades que tenía de convertirse en el próximo presidente de Líbano. Cargo que ha estado vacío desde mayo de 2014. Los últimos acontecimientos en el país y la región, especialmente la ejecución del clérigo chií Nimr Al-Nimr, han hecho que muchos analistas den por muerta la Iniciativa Franjieh. Sin embargo, en Líbano todo es posible y nada puede descartarse. El país no camina hacia una nueva iniciativa fracasada, sino hacia un enfrentamiento doble que promete requerir el esfuerzo de todos los actores políticos, y que no garantiza el triunfo de nadie.

Hay que partir de una doble premisa. Primero, que el equilibrio político de Líbano hace que la presidencia del país tenga que ser ocupada por un cristiano, la jefatura del gobierno deba estar a cargo de un sunní y la presidencia del parlamento de un chií. Segundo, el escenario libanés está dividido en dos grandes y porosas coaliciones, formadas, entre otras cosas, por su filiación pro Siria, el Campo 8 de Marzo, o anti Siria, el Campo 14 de Marzo, dadas las fuertes sensibilidades que genera el país vecino que tenía presencia militar en el país hasta hace pocos años.

Sobre esta base, los motivos que han hecho que analistas como Kareem Chehayev, en el Middle East Post, firmasen necrológicas políticas sobre Franjieh son los mismos que se expusieron en este mismo blog y que pueden recordarse brevemente. En primer lugar, el carisma del exprimer ministro Saad Hariri, el gran promotor de la iniciativa, no sería suficiente para encontrar un consenso. La filiación prosiria de Franjieh es demasiado clara, como demuestra su larga amistad con Bashar el Assad y la pertenencia de su partido, el Movimiento Marada, al Campo 8 de Marzo. Ese carácter confrontaría con el apoyo sunní libanés a los rebeldes sirios, aunque se esperaba que Hariri y el apoyo de Arabia Saudí al plan controlasen a los sunníes. En segundo lugar, ningún partido cristiano se mostraba partidario de Franjieh. La Falange y las Fuerzas Libanesas pertenecen al Campo 8 de Marzo y son enemigas del Marada desde la guerra civil. El Movimiento Patriótico Libre es compañero de coalición, pero su líder, Michel Aoun, desea con más fuerza que nadie el puesto de presidente. Y tiene el apoyo del chií Hezbollah.

 

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Hariri (izquierda) y Franjieh (derecha). Photo Credit: Naharnet

Así las cosas, es comprensible que muchos analistas dieran el problema como finalizado, porque moriría ante su difícil solución. Sin embargo, esas dificultades han ido evolucionando o siguen en busca de respuesta. Y eso hace a la política libanesa tan compleja como absolutamente fascinante.

El primer gran acontecimiento que demuestra que la iniciativa sigue en marcha es que Franjieh y Hariri se han reunido durante las últimas semanas. Según informa el periódico libanés Naharnet, el líder del Partido del Futuro y el dirigente del Marada se habrían encontrado en Europa para tratar de desatascar la apuesta por la presidencia. Sería el segundo encuentro, tras uno que mantuvieron en noviembre para lanzar la idea. Esto demuestra que tanto Hariri como Franjieh pretenden mantener la pelea por la presidencia, y que no van a darse por vencidos a pesar de los problemas.

En contra de la opinión de muchos analistas, no puedo coincidir en que la muerte de Nimr al Nimr afectará de manera tan vital a la decisión de Arabia Saudí de apoyar la Iniciativa Franjieh. A los saudíes les interesa mucho más un régimen presidido por un amigo de Assad, pero controlado por un furibundo y carismático anti sirio como Hariri, que un Líbano liderado por un demagogo como Aoun, sin un balance claro, y con el apoyo de un enemigo mortal para Arabia Saudí como Hezbollah. Los saudíes saben, o al menos eso deduzco, que la primera opción es mucho más estable y, en el corto y medio plazo, evitaría una expansión del conflicto sirio a Líbano.

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Michel Aoun. Photo Credit: Wikimedia Commons

Y alguien puede objetar a este razonamiento que la política en Líbano no puede entenderse como un doble enfrentamiento, sino que los múltiples polos de poder dan lugar a un conflicto mucho más complejo. Es cierto, pero en torno a la cuestión de la presidencia se están configurando dos bloques cada vez más claros. La prueba está en el movimiento de las Fuerzas Libanesas, que han decidido contrarrestar la Iniciativa Franjieh apoyando a Michel Aoun en la carrera presidencial. De esta manera, dejan de lado a su anterior candidato, Samir Geagea, quien es sospechoso de haber organizado el asesinato de la familia de Franjieh durante la guerra.

La declaración del partido cristiano ha pillado a muchos por sorpresa. Especialmente a su propia alianza, ya que Fuerzas Libanesas pertenece al Campo 14 de Marzo. Hariri, que lidera la coalición pero es el principal valedor de Franjieh, ha reprochado a sus compañeros de alianza el apoyo a un Aoun que está directamente apoyado por Hezbollah, que se sustenta en el régimen de Irán, lo que haría a Líbano mucho más inestable. Lo mismo le ha reprochado la Falange, aunque sin mayor profundidad, porque tampoco apoyan a Franjieh.

Estos acontecimientos tienen una consecuencia doble. Por un lado, los partidos cristianos mayoritarios han quedado absolutamente divididos. El Movimiento Patriótico Libre de Aoun recibiendo apoyo de las Fuerzas Libanesas, el Movimiento Marada con Franjieh y la Falange contra ambos. Por otro lado, los últimos movimientos constituyen un avance mayor hacia la formación de dos bloques cada vez más definidos en su proyecto.

Líbano puede prepararse para unos meses apasionantes de disputa política. La pelea por la presidencia será dura, y nadie puede dar por segura la victoria, porque la derrota para todos es una opción perfectamente factible. Durante los próximos meses podemos esperar una mayor definición de esos dos proyectos y, probablemente, la definición de posiciones de aquellos partidos que todavía no se han decantado por uno de ellos. Si una de las apuestas presidenciales obtiene la victoria, Líbano saldrá de un vacío de poder en una dirección todavía por definir, pues depende del perfil ganador. Si la victoria es imposible, los nuevos proyectos se desvanecerán en busca de la próxima oportunidad, pero Líbano seguirá siendo débil.

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Hacia una nueva constitución en Turquía

Que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y Recep Tayyip Erdogan llegaron a la historia de la política turca para enmendarla en su totalidad no es un secreto para nadie. Como ya se ha analizado en este mismo blog, los años de poder del islamismo en Turquía han ido dirigidos a la creación de una nueva hegemonía política y social en el país. En su segunda legislatura, que arrancó en 2007, se convocó un referéndum constitucional para respaldar sus intenciones de enmendar el texto, obteniendo un éxito admirable que se repetiría en la consulta de 2010. Las dos tandas de enmiendas supusieron la elección directa de la jefatura del Estado, la limitación del mandato presidencial, la celebración de elecciones cada cuatro años, la capacidad de apelación a la Corte Suprema, la posibilidad de que un militar fuera condenado por un tribunal civil, la creación del defensor del pueblo y una reforma del Tribunal Constitucional.

Esa profunda vocación reformista del partido de Erdogan fue apoyada y admirada por buena parte de los analistas extranjeros, que vieron en las enmiendas constitucionales una limpieza de la herencia autoritaria de la constitución de 1983, que fue aprobada por la Junta Militar que dio el golpe de Estado de 1980. Las cosas han cambiado desde entonces. Erdogan ya no es un modélico demócrata islamista al estilo de la democracia cristiana europea. Las sospechas sobre un plan que le lleve a la cumbre del poder absoluto acosan su figura, entre encarcelamientos de periodistas y falta de libertades que son criticadas por Occidente. Sin embargo, el presidente ha llegado muy lejos y está dispuesto a culminar la creación de su hegemonía con la redacción de una nueva constitución.

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Erdogan Photo Credit: Flickr.com/OpenDemocracy/Foter.com

La victoria por mayoría absoluta del AKP en las elecciones de noviembre ha sido utilizada por Davutoglu, el ahora primer ministro, y por Erdogan como un respaldo para la conformación de una nueva carta magna. La bandera de ese nuevo texto sería el sistema presidencialista. El presidente del país ha insistido en sus intervenciones públicas en que el parlamentarismo se ha convertido en una «oligarquía burocrática» que ya no obedece al mandato popular. Erdogan se refiere al periodo junio-noviembre del pasado año en el que Davutoglu no alcanzó ni mayoría absoluta, ni pactos de gobierno para sacar adelante la legislatura, lo que avocó al país a nuevas elecciones. La intención del jefe de Estado y del primer ministro es utilizar la mayoría absoluta para evitar que se repita una situación así.

El conciliador, y siempre sonriente, Davutoglu ha repetido en los medios que tiene un plan. Y que lo sacará adelante. Su proyecto de constitución pretende ser la sentencia de muerte definitiva para esa impronta autoritaria que dejaron los militares del 83. El primer ministro declaró que «compartiré una hoja de ruta para una constitución que será liberal, humanista y respetuosa con los intereses de los ciudadanos». Sin embargo, ese progresismo ha sido calificado por amplios sectores de la oposición como una máscara para implantar un sistema presidencialista. Davutoglu se ha defendido argumentando que el humanismo y el presidencialismo no son incompatibles, y que los poderes del presidente no supondrán un poder dictatorial porque el parlamento seguirá exigiendo cuentas y controlando la gestión.

Para llevar a cabo su cometido, Davutoglu se ha mostrado dispuesto a reunirse con los tres partidos de la oposición parlamentaria. Sin embargo, no será una tarea fácil. El presidente Erdogan ha intentado «descentralizar» el debate y llevarlo a la sociedad civil. Así, su plan consistiría en la conformación de una «conferencia» en la que se reunirían académicos y personajes de amplia reputación para contestar, debatir y proponer elementos constitucionales que fueran de la preocupación de la mayoría de la sociedad, para así darle voz a la gente sencilla en la redacción del nuevo texto. Desde luego, cuando el presidente dice que esa conferencia «preguntará sobre la opinión particular de los ciudadanos sobre un determinado punto», lo que intenta es escapar a la oposición parlamentaria que no permitirá el sistema presidencial.

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Davutoglu. Photo Credit: Flickr.com/UNHCR/Foter.com CC

El Partido Republicano del Pueblo (CHP) es el segundo grupo en la cámara y dirige la oposición. Su secretario general, Kiliçdaroglu, se mostró favorable a una nueva constitución, pero con la intención de fortalecer el sistema parlamentario de cara a resolver los problemas de gobernanza. Por otro lado, el ultraderechista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) también ha respaldado la creación de un nuevo texto. Su líder, Devlet Bahçeli, del cual también hablamos en su día, se ha pronunciado de manera contraria al sistema presidencial, llegando a decir que Davutoglu no cree en el presidencialismo, y que está siendo utilizado por Erdogan para ascender al poder absoluto.

Por su parte, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) se ha mantenido algo al margen de las conversaciones oficiales. El primer ministro se mostró favorable a negociar con el partido de la izquierda kurda los pormenores de la nueva constitución, pero dos elementos han frenado el posible acercamiento: primero, los deseos de autonomía de la parte kurda del país, aunque el HDP ha intentado matizar su postura diciendo que «la autonomía no tendría que aplicarse solo a los kurdos sino a todo el país»; y segundo, los continuos enfrentamientos entre el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el ejército turco, que han hecho que Davotoglu se niegue a cualquier negociación con partidos que apoyen en fines o medios a los grupos armados kurdos.

Davotoglu, y el grupo parlamentario del AKP, tienen 317 diputados de un total de 550. Para llevar a cabo una enmienda se necesitan 330,y para el proceso que se quiere iniciar las reglas marcan 367, por lo que el AKP necesita a los diputados del CHP en solitario o combinados con el MHP.

De momento, el primer ministro parece optimista por la voluntad del centro-izquierda y la ultraderecha de redactar una nueva constitución. Según el gobierno, el proceso llevará unos seis meses de trabajos a través de varias comisiones que discutirán el articulado, aunque el trabajo no será tan sencillo como parece en teoría. A la polémica por la definición de ciudadanía se suma la cuestión del presidencialismo. Por el momento, Davutoglu ha pedido que se inicien los debates sin ideas preconcebidas para favorecer el diálogo. Aunque el acuerdo partidista no será suficiente, ya que, según los medios turcos, el plan de Erdogan incluye un doble referéndum para aprobar el texto. Los próximos meses dirán si el AKP culmina con éxito su proyecto de una nueva constitución presidencial o si, por el contrario, la oposición pone freno al gobierno y la reforma adquiere una tonalidad distinta.

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Photo Credit: Flickr.com/MichaelDubrawski/Foter.com CC BY-NC

Arabia Saudí ejecuta al clérigo chií Al-Nimr

Hace pocas horas se anunciaba la ejecución por parte de las autoridades saudíes del clérigo chií Nimr Baqr Al-Nimr. No ha sido el único. La pena de muerte ha sido aplicada a 46 presos más (44 saudíes, un egipcio y un chadiano), la mayoría de ellos pertenecientes a organizaciones terroristas como Al-Qaeda. Pero la ejecución de Al-Nimr no es la de un preso corriente. La airada reacción internacional, y muy especialmente la indignación de algunos países de la zona, nos muestra la importancia del reo que fue ejecutado hace pocas horas.

Al-Nimr pertenecía a la minoría chií que vive en Arabia Saudí, país que podría considerarse el centro del mundo musulmán suní. De los 28 millones de habitantes del Reino, los chiíes suponen entre un diez y un quince por ciento de la población, residentes en su mayoría en la Provincia del Este. Algunas de las poblaciones más importante de dicha zona son Qatif y Awamiya, ciudad donde fue detenido Al Nimr en 2012.

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Nimr Baqr Al-Nimr.

El clérigo era todo un veterano del movimiento de oposición al régimen de la familia Saud. Sus protestas se enfocaban tanto a la lucha política como a la religiosa, en una reivindicación por los derechos de las minorías que también es esencialmente política. Dicha minoría había supuesto un continuo quebradero de cabeza para el Reino desde los disturbios de 1979 a raíz de la revolución en Irán, que tambaleó todo el mundo musulmán. La desconfianza del régimen hacia los chiíes supuso el encarcelamiento y el exilio de muchos de sus líderes y activistas. Sin embargo, en 1993, el rey Fahd ofreció una amnistía como consecuencia de unas conversaciones de reconciliación que tuvieron a Al Seif y Hamza Al-Hassan como interlocutores chiíes. Al-Nimr, que entonces se encontraba en prisión, rechazó la amnistía. No quería tratos con la familia real.

Aunque acabó liberado, su actitud inflexible le llevó a ser detenido y encarcelado hasta en ocho ocasiones entre los años 2003 y 2008. Esa constante iniciativa de oposición le hizo destacar entre la comunidad chií del Reino, hasta el punto de que oficiales de Estados Unidos se reunieran con él, según sacó a la luz Wikileaks, tal y como cuenta IB Times.

Según esos documentos de Wikileaks, los planes de Al-Nimr consistirán en «seguir llamando enérgicamente a la reforma y generando inestabilidad, atrayendo a los desafectos, y encajándolos en su visión de inestabilidad como el único catalizador para el cambio real en el Reino». Eso acabaría por convertirle en una figura importante de la política tanto a nivel local como regional. Sin embargo, no puede confundirse esa manera de enfocar la protesta con una llamada a la violencia. Al Nimr basó toda su metodología de pelea política en la organización de manifestaciones y actos no violentos, como él mismo explica en el vídeo, aunque su objetivo último siempre fue el cambio de régimen.

El comienzo de los alzamientos árabes a partir de 2011 supuso la generación del campo de juego perfecto para los planes de Al-Nimr. El descontento social y religioso en la Provincia del Este permitió que los líderes de la comunidad, laicos o religiosos, llamaran a imitar las protestas que se sucedían en Túnez, Libia, Egipto, Siria o Yemen.

No todos los clérigos chiíes estuvieron de acuerdo en la acción. Una gran cantidad de ellos acordaron con el rey Abdullah que no promoverían protestas contra el régimen. Como en ocasiones anteriores, Al-Nimr fue la nota disonante. Participó en numerosas manifestaciones y alentó el descontento a través de discursos. En consecuencia, las autoridades ordenaron su detención, que se llevaría a cabo en el año 2012, junto a la de su sobrino Ali, que entonces tenía 17 años. Ambos se resistieron, lo que hizo que el clérigo fuera herido por un disparo en la pierna.

Los cargos por los que fue acusado incluían un amplio conjunto de delitos, destacando el de sedición, sectarismo e insultos a miembros de la familia de Mahoma. Desde entonces, Al-Nimr ha estado en prisión, condenado a pena de muerte. Cargo que fue confirmado en octubre de 2015 cuando la Corte Suprema rechazó su apelación. Las gestiones regionales han sido de lo más amplias, especialmente por parte del clérigo chií de más alto rango en Iraq, Al Sistani, que intentó mediar un intercambio de presos entre el Reino y la República Islámica.

Aunque no ha sido confirmada la forma de ejecución, algunos apuntan a la decapitación seguida de crucifixión, aunque otros eliminan esta segunda fase. Sin embargo, no se tiene noticia de que Ali, que ya suma 21 años, haya sido ejecutado.

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Ali Al-Nimr

Las razones para un castigo tan severo siguen siendo motivo de especulación entre los expertos. Elijah J. Magnier, uno de los periodistas más veteranos del grupo Al Rai, indicaba que podía ser una acción en represalia a la muerte de Zahran Alloush, el líder del grupo Jaish Al Islam en Siria, que combate financiado por los saudíes. Otros analistas, como Philip Smyth, uno de los mayores expertos en milicias chiíes, han señalado a la rivalidad en la guerra de Yemen y la detención de células chiíes radicales en Bahréin con conexiones en el Reino.

Las reacciones locales no se han hecho esperar. En la ciudad de Qatif, una de las plazas fuertes de Al-Nimr, se han convocado manifestaciones en repulsa a la acción. A pesar de que el hermano del clérigo llamó a la paz y la protesta pacífica, las autoridades saudíes han desplegado un dispositivo numeroso de fuerzas del orden, incluyendo motorizados.

La reacción regional ha sido bastante más dura. En Yemen se han alzado voces contra la ejecución y en Bahréin se ha convocado una protesta en Abu Saiba, cerca de la capital. Uno de los grupos chiíes más activos del país, Saraya Al Mukhtar, ha calificado el acto como «uno de los grandes crímenes de la historia».

También en Líbano, donde los chiíes son una parte importante del país, el Consejo Supremo Chií ha calificado de «gran error» la ejecución de Al-Nimr. Hassan Nasrallah, el líder del grupo chií Hezbollah, declaraba hace pocas horas que: «Arabia Saudí debe entender que tienen que pagar un precio por estas acciones y nosotros se lo haremos pagar». En Iraq, la Organización Badr, una de las fuerzas políticas y milicianas más importantes del país, y el clérigo Al Sistani han emitido sendos comunicados condenando al Reino por la ejecución.

Pero ha sido Irán quien ha intentado sacar más músculo en su protesta. Hay que tener en cuenta que la República Islámica es el mayor rival de Arabia Saudí a nivel geopolítico, y que su población es mayoritariamente chií. Desde la mañana, autoridades iraníes han criticado la acción, acusando al régimen de apoyar al terrorismo y matar a disidentes. El ministro de asuntos exteriores aseguraba que «Arabia Saudí pagará un alto precio». El Ayatollah Ahmad Khatami, miembro de la Asamblea de Expertos de Irán, lo ha expresado en palabras más duras, según publica The Guardian: «[La ejecución] es parte de la trayectoria criminal de esa familia traicionera (los Saud).» A estas declaraciones se ha sumado la suspensión del Hawza, la sesión de estudio religioso el domingo por la mañana. The International Spectator daba la noticia de que Irán ejecutaría a 27 líderes y clérigos sunníes, según grupos de derechos humanos, lo que supondría un aumento brutal de la tensión política y religiosa a nivel regional.

En la noche del sábado, las reacciones en Irán han abandonado el ámbito exclusivo de las instituciones y han llegado a la base popular. Así, en círculos chiíes iraníes, pero también a nivel regional, circulaba la imagen del rey Salman representando al califa Yazid I, de la dinastía Omeya, y a Al Nimr como Husayn Ibn Alí, el nieto de Mahoma. El montaje es una referencia a la batalla de Karbala (680 DC), cuando las tropas del Omeya derrotaron y mataron en batalla a Husayn, que reclamaba el califato para sí, y pasearon su cabeza en una lanza. La batalla es considerada un día de luto y homenaje para los chiíes de todo el mundo, que siguen la estela de Husayn.

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Esa indignación no se limitó a las fotos de internet, sino que se extendió a las calles. Así, la noche del viernes, miles de manifestantes asaltaron la embajada saudí en Teherán, que acabó envuelta en llamas. También se atacaron otras instalaciones saudíes, como el consulado en Mashad, aunque las autoridades iraníes, junto a otros poderes regionales, se apresuraron a condenar dichas acciones.

La muerte de Al-Nimr supone el fin de uno de los líderes más importantes de la minoría chií en el Reino. Aunque pueden esperarse represalias a nivel interno, con protestas y disturbios en la Provincia del Este, lo más importante es el significado regional. Durante las últimas semanas, se habían escuchado rumores sobre un posible acercamiento entre Arabia Saudí e Irán. La ejecución de Al Nimr y la fortísima reacción de Irán han demostrado que esos rumores son infundados. La guerra fría que las dos potencias mantienen por el poder de la región seguirá en pie, al menos en el corto y medio plazo.

Suleiman Franjieh: el amigo de Assad que podría presidir Líbano

Suleiman Franjieh Jr. tenía 13 años cuando vio por última vez a sus padres y a su hermana. Pertenecía a una de las familias más poderosas del país. Y eso, en medio de la guerra civil que asolaba al Líbano en 1978, era una amenaza directa. Su abuelo, del que Suleiman recibió el nombre, había sido presidente del país entre 1970 y 1976, y era conocido como uno de los grandes señores del crimen. Su padre, Tony Franjieh, era el comandante del Movimiento Marada, de base cristiana maronita.

Este movimiento, al comienzo de la guerra en Líbano, se había opuesto a los planes cantonalistas y separatistas de algunas fuerzas cristianas como el Frente Libanés y la Falange. Los Franjieh se aliaron con sectores moderados suníes y otros movimientos políticos que quisieran mantener la convivencia sectaria en el país. Esto les hizo muy peligrosos para sus rivales, que buscaban incitar todavía más la violencia entre las minorías suníes, chiíes y cristianas.

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Tony Franjieh. Photo Credit: Wikimedia Commons

La noche del 13 de junio de 1978, Suleiman Jr. no estaba en su casa de Ehden, en el norte del país. Y eso le salvó la vida. Comandos cristianos de las Fuerzas Libanesas, y otros grupos vinculados a la Falange, asaltaron por la noche la mansión familiar de los Franjieh y asesinaron a casi cuarenta personas. Entre ellas estaban Tony Franjieh, su mujer, y la hija pequeña del matrimonio, Jihane, que solo contaba tres años. Se cuenta que los padres fueron obligados a mirar como su hija era asesinada.

El ataque fue una ofensiva de decapitación. El objetivo era contrarrestar la popularidad del movimiento Marada y la familia Franjieh. Y fue un éxito total. Pero faltaba uno de ellos. El pequeño Suleiman había conseguido sobrevivir y los amigos de su padre lo habían enviado a Siria, donde viviría los próximos años bajo la protección del presidente Hafez Al Assad y su familia. Allí recibió su educación y estrechó profundos lazos de amistad con Basel Al-Assad, que murió en un accidente en 1994, y con su hermano pequeño Bashar, que hoy es presidente de Siria. Suleiman terminó su adolescencia en este ambiente, hasta que con 17 años recibió su herencia política para convertirse en comandante del Marada. Los acuerdos de paz desmovilizaron las milicias que mandaba, pero le dejaron a cargo de una de las fuerzas políticas cristianas más importantes del país.

La importancia de los cristianos en la política de Líbano es vital, ya que la constitución les asigna el puesto de Presidente, que debe convivir con un primer ministro suní y un portavoz del parlamento chií, garantizando así una teórica pluralidad en las instituciones. Sin embargo, los políticos libaneses llevan 18 meses sin lograr la elección de un presidente. Las 32 reuniones convocadas al efecto han terminado con un sonoro fracaso.

Ahora, y solo ahora, parece que la situación se desbloquea. ¿Y quién es el favorito para el puesto? Suleiman Franjieh Jr. La iniciativa fue lanzada por el ex primer ministro Saad Hariri, con la intención de volver a ocupar su antiguo puesto. El plan cuenta con el beneplácito de Francia, la antigua potencia colonial, y Arabia Saudí, como fuerza regional. Además, el Movimiento del Futuro, que dirige Hariri, es el mayor partido del parlamento. Sin embargo, el plan no está exento de problemas.

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Suleiman Franjieh. Photo Credit: Wikimedia Commons

El primer obstáculo es la filiación pro-Assad de Franjieh. Los lazos personales del candidato con el régimen sirio son evidentes, lo que se ha manifestado en muestras de apoyo a Assad en el curso de la guerra civil que se libra en el país vecino. La elección de un presidente con una filiación tan clara resultaría ofensiva para gran parte de la población sunní, que apoya a los rebeldes sirios contra el régimen. La única manera de evitar esa polarización es que Hariri, el promotor de la candidatura de Franjieh, asegure a sus correligionarios que Líbano no va a apoyar de manera clara a Assad y que ese compromiso está garantizado por Arabia Saudí. Hariri es el único que puede hacerlo, ya que pertenece a la Alianza 14 de Marzo, de signo anti-sirio, y viene de una familia opuesta a la influencia siria en el Líbano, hasta el punto de que su padre, Rafik Hariri, fue asesinado en 2005 por este motivo.

El segundo problema al que se enfrenta Franjieh es la oposición de otros movimientos cristianos, como la Falange, las Fuerzas Libanesas o el Movimiento Patriótico Libre. Los dos primeros partidos se opondrían por el mismo motivo que los sunníes, dado que también pertenecen a la Alianza 14 de Marzo, pero se añadiría una rivalidad histórica entre ellos y el movimiento Marada. ¿Histórica hasta el punto de ser irreconciliable? Lo más seguro es que sí, ya que el líder de las Fuerzas Libanesas, Samir Geagea, que ya intentó ser presidente, es el hombre al que se atribuye la masacre de Ehden, en la que murió la familia de Franjieh.

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Samir Geagea. Photo Credit: Wikimedia Commons

El caso es distinto con el Movimiento Patriótico Libre, del histórico líder Michel Aoun, que pasa por ser el segundo mayor partido del arco parlamentario. El FPM (por sus siglas en inglés) es una formación que pertenece a la Alianza 8 de Marzo, de inspiración pro-siria, y en la que también se encuentra Hezbollah. Pero la cercanía a Siria no es suficiente para dar su apoyo decisivo a Franjieh. La cuestión reside en que Michel Aoun quiere ser presidente, y los chiíes de Hezbollah están dispuestos a sacrificar su amistad con el Movimiento Marada con tal de otorgar el poder a su aliado del FPM.

La situación para el país es crítica. Sin un Presidente y con un gobierno en funciones, Líbano difícilmente resistirá la tensión impuesta por la guerra en Siria, que amenaza con trasladarse a su propio suelo. El plan de Franjieh cuenta con un apoyo fuerte, pero necesitará dos tercios en la primera vuelta o una mayoría simple en la segunda, y no está claro que lo vaya a conseguir. Suleiman es una figura polémica. Aunque moderado, su apellido pesa, porque arrastra todo un legado. La complicada política libanesa seguirá moviéndose. Hace pocos días se formalizó la candidatura de Franjieh, pero ¿conseguirá triunfar?

Irán: se busca Líder Supremo

Algo se está moviendo en Irán. Desde que el actual presidente, el moderado Hassan Rouhani, fuera elegido en 2013, las instituciones políticas y los principales personajes del país están en plena efervescencia. El pacto nuclear alcanzado este verano solo ha reforzado la tendencia, hasta llegar a la instancia más alta del Estado: el Líder Supremo, puesto que actualmente ocupa Ali Jamenei, el sucesor de Jomeini.

Ahora se busca sustituto para él. Según ha declarado el expresidente Akbar Hashemi Rafjansani, un comité estaría confeccionando una lista con los potenciales sucesores de Jamenei. Esto supone una auténtica revolución dentro de la República Islámica. Discutir sobre el liderazgo es algo que, sencillamente, no se hace. Al menos, no se hacía en el pasado. Ahora la puerta se ha abierto.

Lo cierto es que la salud del Líder se ha visto deteriorada de manera constante durante los últimos años. Hasta el punto de ser operado, con éxito, de un cáncer de próstata durante el pasado año. Aunque la recuperación de Jamenei parecía exitosa por su aparición en los medios, la discusión sobre su sucesor alienta la posibilidad de un empeoramiento o, al menos, de una falta de capacidad para seguir al mando.

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Ali Jamenei – Photo Credit:Flickr.com/IndigoPrime/Foter.com

Y es que el liderazgo nacional es un puesto que exige fortaleza máxima, ya que acumula los mayores poderes de todo el aparato del Estado. Según la constitución de la República Islámica de Irán, en el capítulo VIII, artículo 110, el Líder Supremo es quien marca las líneas principales de política nacional, supervisa al poder ejecutivo, tiene mando supremo sobre las fuerzas armadas y la Guardia Revolucionaria, lidera el poder judicial, otorga indultos, controla parte de los medios de comunicación, etc.

Por lo tanto, los altos cargos del Estado iraní se han propuesto buscar otro hombre para que asuma esa responsabilidad. De acuerdo con la constitución iraní, en el artículo 5, el Líder está presente solo de manera temporal, ya que, en última instancia, rige los asuntos temporales hasta que el Wali al-Asr, el último imam según el chiismo duodecimano, vuelva de su ocultación para instaurar la justicia universal. Hasta que eso pase, será la Asamblea de Expertos quien elija al Líder, como se especifica en los artículos 107, 108 y 109 de la Constitución.

Esta Asamblea es elegida cada ocho años mediante el voto popular, aunque los candidatos son vetados por el Consejo de los Guardianes, cuyos miembros, a su vez, son elegidos por el Líder Supremo y por la Asamblea, asegurándose así un funcionamiento circular que garantiza la continuidad. En febrero de 2016 se celebrarán las elecciones a la Asamblea de Expertos y, sabiendo que sus miembros seleccionarán al próximo Líder Supremo, tendrán una importancia mayor que las anteriormente celebradas. El proceso ha arrancado con el comité informal del que ha dado cuenta Rafjansani, pero culminará con los nuevos miembros de la Asamblea. Listos para elegir a la nueva cabeza de la revolución islámica.

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Hassan Rouhani –  Photo Credit: Flickr.com/WorldEconomicForum/Foter.com

El mismo día que se celebren dichos comicios, los iraníes acudirán a las urnas para elegir el Maylis Shoraye Eslami, o Parlamento Islámico. Ambas elecciones, las del Parlamento y la Asamblea, no pueden desligarse, porque ambas son vitales en la lucha interior entre los moderados y la línea dura. La Asamblea, gracias al sistema de veto, ha estado siempre formada por una mayoría de conservadores, pero el Parlamento ha dado más voz a los reformistas, que son la base de apoyo del presidente Rouhani. El triunfo de éste con el acuerdo nuclear ha supuesto un aumento de su popularidad y del poder en el interior del aparato, pero la línea dura ha intensificado su presencia ordenando la detención de algunos críticos, artistas y disidentes durante los últimos meses.

Las elecciones de febrero serán determinantes para saber cuál de los dos bandos tiene mayor capacidad en la lucha por el control de Irán. Pero no solo eso, ya que los vencedores de esta pelea, especialmente en la Asamblea de Expertos, serán los que tengan la voz y el voto para elegir al próximo Líder Supremo. Al hombre que regirá los destinos de Irán durante los próximos años. Por ahora no hay candidatos claros, y Rafjansani ha declarado que no descarta un liderazgo coral, aunque, en mi opinión, sería una opción divisiva y una muestra de debilidad de un régimen que necesita mostrarse fuerte en plena pugna por el control de Oriente Medio. De momento, la carrera está abierta.

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Photo Credit: Flickr.com/FreeGrungeTextures/Foter.com

 

Donald Trump y los musulmanes: el ruido y la furia

Otra ocurrencia más. Donald Trump, el excéntrico millonario que aspira a liderar la candidatura republicana a la Casa Blanca, declaró hace una semana que debería prohibirse la entrada a todos los musulmanes en suelo estadounidense. El tiroteo en San Bernardino (California), llevado a cabo por un matrimonio islamista radicalizado que asesinó a catorce personas, hizo que el polémico personaje lanzase su medida estrella en los medios de comunicación. Como de costumbre, tras sus comentarios sobre China o la comunidad latina, la indignación fue general, pero las encuestas mantuvieron su primera posición (35.4%), a mucha distancia de otros candidatos como Ben Carson (12%) o Marco Rubio (10.5%).

Sin embargo, sus comentarios han conseguido algo que no es fácil en el mundo árabe y musulmán: una posición unánime. Los periódicos de Arabia Saudí, Kuwait, Pakistán o los Emiratos Árabes coinciden en señalar a Trump como una figura extremadamente negativa y peligrosa. Se pueden señalar varias reacciones regionales, para ver y analizar cuál es la tónica dominante de las críticas al candidato.

A nivel político, el Consejo de Cooperación del Golfo, que reúne a Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, expresó a finales de la semana pasada su profunda preocupación por el «incremento de la retórica hostil, inhumana y racista contra los refugiados en general y los musulmanes en particular». Aunque podría pensarse que el objetivo de tales declaraciones eran los grupos de ultraderecha en Europa, lo cierto es que todos los periódicos de la zona lo vincularon a las declaraciones de Trump.

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Photo Credit: Flickr.com/MichaelValdon/Foter.com

La sutilidad de estas declaraciones políticas, que llevan incluso el sello de la «profunda preocupación» tan habitual en nuestros políticos, fue radicalizada por algunos líderes sociales. El ejemplo más claro es el mensaje que el príncipe Alwaleed bin Talal publicó en su cuenta de twitter: «Eres una desgracia, no solo para el GOP (el Partido Republicano), sino para toda América. Retírate de la carrera presidencial, porque nunca ganarás.» Alwaleed es miembro de la familia real saudí, como nieto del fundador del país, y está emparentado con la familia real marroquí y el fundador del moderno Estado del Líbano. Así mismo, es director de la empresa Kingdom Holding, con la que se ha convertido en uno de los hombres más ricos de todo el Reino. Sus palabras han pesado en el país y en toda la región, y han sido publicadas en casi todos los medios de comunicación.

A estas declaraciones, pueden sumarse hechos muy concretos. Sachin Mundhwa, CEO de la multinacional emiratí Landmark, declaró la semana pasada que su empresa dejaría de importar productos de las marcas DT Home, pertenecientes a Donald Trump. De esta manera, se rompe un contrato entre ambos grupos que incluía el comercio de lámparas, espejos, joyeros y otros productos de la categoría. Mundwha no dudó en apuntar a las palabras del magnate para justificar su decisión.

El candidato tiene varios negocios abiertos en países musulmanes. Obtiene entre uno y cinco millones al año en Turquía por el proyecto de las Torres Trump, que posee el grupo Ortadogu; proyecto que se ve complementado por el de la Torre y el Hotel Trump en Bakú (Azerbaiyán), que le reportan unos dos millones y medio de dólares al año, en colaboración con el oligarca Anar Mammadov. Aunque estos proyectos no se han puesto bajo revisión, su ambicioso plan de construcción de un campo de golf de lujo en Dubai en colaboración con el grupo Damac sí ha entrado en un momento crítico.

El día 10 de diciembre se publicaba que Damac había retirado el nombre de Trump del proyecto, declarando uno de sus altos directivos que las declaraciones del millonario estaban detrás de la retirada. Aunque solo dos días después su firma fue restituida, lo cierto es que los negocios del grupo de Trump se verán perjudicados, lo cual no es una gran noticia para sus intereses, teniendo en cuenta que Arabia Saudí, Qatar, Dubai y Abu Dabi son áreas de máxima interés, según Ivanka Trump, hija del millonaria, y vicepresidenta de desarrollo y adquisiciones del grupo empresarial.

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Photo Credit: Flickr.com/DonkeyHotey/Foter.com

Este doble rasero del candidato, que hace comentarios racistas sobre los musulmanes mientras desarrolla proyectos multimillonarios con ellos, ha sido especialmente criticado en la prensa. Muna Al-Fuzani publicaba el día 12 una columna demoledora contra el magnate. Citando al cómico Bassem Youssef, la columnista criticaba a Trump por odiar a los musulmanes, pero no a los musulmanes ricos. Dirigía también sus críticas contra aquellos que mezclan Islam y terrorismo y echaba en cara a los líderes del Partido Republicano que quieran llegar a la Casa Blanca a cualquier precio, aunque ese precio sea caer en los brazos del populismo de Trump.

A la dureza de Al-Fuzani se suma el alegato del veterano periodista Elijah J. Magnier, en el grupo Al Rai. En un durísimo artículo titulado «Donald Trump canta Salil al Sawarem en los oídos del ISIS», el autor acusa al empresario de legitimar con sus palabras la propaganda del grupo terrorista. Así, hace referencia al discurso de Abu Bakr al-Baghdadi, autoproclamado califa, del 13 de mayo en el que avisaba sobre la expulsión y discriminación de los musulmanes en Occidente, como un preludio de la migración desde Dar al Kufr (la tierra de los infieles) hacia Dar-al-Islam (la tierra del Islam). Según Magnier, las principales víctimas de los terroristas son los propios musulmanes, y la incomprensión y el racismo de personajes como Trump ponen en evidencia a Occidente y refuerzan la posición de los terroristas.

La figura del empresario estadounidense es probablemente la más polémica, histriónica y disparatada que ha entrado en las más altas instancias políticas del país. Su tono socarrón y su desvergüenza se ven salpicados por mensajes racistas y xenófobos que difícilmente pueden tolerarse. Su hipocresía, al mezclar racismo con lucrativos negocios, es denigrante para la institución a la que aspira. En un momento en el que Estados Unidos debe ser especialmente cuidadoso con Oriente Medio, dados los complejos acontecimientos que se desarrollan en Siria, Iraq o Yemen, se espera una figura a la altura de la historia y no un personaje televisivo. Estados Unidos en particular, y la sociedad internacional en general, no pueden pasar por alto el peligro que representa la posibilidad de que Donald Trump llegue a ser presidente.

 

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Photo Credit: Flickr.com/DonkeyHotey/Foter.com